miércoles, 13 de noviembre de 2013

TARDE DE PLACER

Me encontraba cara la pared, no era la primera vez que me veía en esa situación, pero si la primera que me lo pedía un hombre. El cuarto estaba semi oscuro, una toalla tapaba la pantalla de la mesita, me dijo que no le gustaba ver mi cara mientras suplicaba, le parecía patético y poco sexual. A mí me pareció bien, aparte que así disimulaba la poca limpieza que había hecho en mi habitación durante todo el mes. Había sido un mes extraño, de esos que no sabes muy bien como llegas a cambiar cosas de tú propia personalidad, simplemente influenciada por un libro.
El libro, si, ahí empezó todo. Siempre me considere gran lectora y me gustaba el género del terror, y dentro de ese género, el vampirismo. Para mí que allí se escondía algo sexual, un orgasmo único que te llegaba a través de un mordisco y dejaba todo tu cuerpo saciado, sin fuerzas, como solo un hombre puede dejártelo después de pasar toda la noche contigo, hasta ver salir el sol.
Entre aquellas páginas leí de otro placer, un placer desconocido para mí, un placer que llegaba con el dolor. Estuve varias semanas pensando en ello, leyendo y releyendo sus páginas, frases de miembros húmedos, lenguas lamiendo igual que lamen los gatitos un bol de leche , orgasmos que dejaban las gargantas secas , y quise experimentarlo.

Pero cuando me vi cara la pared comencé a sentir miedo, ¿Y si no me gustaba el dolor? , me tranquilice pensando que el hombre a quien había pagado para hacerlo, siempre podría parar cuando yo se lo pidiera ¿Por qué pararía, no? . Algo en su voz me alarmo, me puso en alerta, esa manera de pedirme que me pusiera cara la pared y me levantara el vestido solo hasta los muslos. Ese timbre entre grosero y una orden, no sentí dulzura ni me intento tranquilizar, sabiendo que para mí era la primera vez. Al contrario, sentí que le gustaba, note ese dominio, aunque fuera mi dinero el que lo mantuviera allí.
 Escuche sus pasos, como iba acercándose y me abrazo penetrando su lengua dentro de mi oreja y la movió como si fuera un gusano buscando una salida, al sacarla me susurro, no te muevas o será peor, y se inclino para besarme las piernas . Un temblor se apodero de mi estomago, sentí ganas de vomitar, algo no funcionaba bien, algo no era como yo lo había planeado. Quise darme la vuelta y decirle que lo sentía, le pagaría igual, pero aquello no terminaba de gustarme, pero para entonces sentí en primer golpe en mis piernas.
- He dicho que no te muevas, me grito.
No pude evitarlo, me moví, y solté un queja, incluso hice al amago de intentar tocarme donde me había sentido el golpe, pero entonces llegaron más y más. No sabía con que me pegaba, antes nunca nadie lo había hecho, pero sentí que podía ser una especie de cuerda, ya que notaba como unos nudos cuando caían los golpes. No, aquello no me gustaba, no sentí nada húmedo en mí, no sentí excitación ninguna, mis bragas estaban secas y aquello parecía que no cambiaria, así que cuando note las piernas calientes y doloridas, me salte el protocolo y, me di la vuelta y le dije que parara. Y fue entonces cuando entendí, que aquello no pararía, simplemente por yo pedirlo.

Las piernas me temblaban, me costaba seguir de pie, y más cuando vi su cara cubierta por una máscara grotesca, estaba tan bien hecha que sin duda era una copia exacta del tipo que la llevo en, La matanza de Texas, igual, idéntica. No fui capaz de dejar salir ningún sonido de mi garganta, me quede paralizada, mirándolo, como quien ve a una persona que se supone está muerta, pero la ves, y sabes que no puede ser ella, pero la ves.
- ¿Acaso te he dicho que podías moverte? Dijo esta vez con una voz tan débil que casi me costó entenderlo.
- ¿ Te he pedido que te dieras la vuelta? Grito con tanta fuera que un trozo de la hendidura de la máscara donde estaba la boca se torció.
- No, dije yo, pero esto no me gusta, logre responder casi al borde de las lágrimas.
Él se movió, solo un par de centímetros hacia la derecha, como calculando el peso de la cuerda que balanceaba.
- Vaya, vaya, a la niña no le gusta ¿Querías que te gustara?
- Si, gemí , yo
- ¿ Y no te gusta? Respondió con sorna.
- No, no me gusta y …
- ¿ Y ¿ Anda di …
- Quiero acabar, yo te pagare igual, lo que me pidas.
- Ya, respondió balanceando la cuerda.
Si tuviera que describir a la policía lo que ocurrió a continuación, yo diría que simplemente voló, no vi ni sus pies correr a ras del suelo, cuando percibi que me tenia pillada del cuello y la cabeza me rebotaba en la pared.

¿ Y si yo te dijera que esto no acaba hasta que yo lo diga? Me dijo dejando que la saliva suya resbalara por mi cara.

Volví a sentir otro golpe en la cabeza, pensé que iba a matarme así, golpeando mi cabeza una y otra vez hasta que se abriera y mis sesos cubrieran parte de la pared. Entonces sin soltarme el cuello me tiro encima de la cama y noté una tremenda erección y entendí cosas que no habían en el libro, comprendí que aquellos juegos son solo juegos de uno, nunca de dos. Dejo caer la cuerda y comenzó a desabrocharse los pantalones. Me escupía insultos, me decía aberraciones, que aquello me iba a doler, pero cometió un tremendo fallo, no se quito la máscara.

Yo no me había leído cientos y cientos de libros de terror para nada, yo sabía tanto de vampiros que podría ligar sin problemas en un lugar gótico, pero este año, había sido un año de zombies , y lo que la cuerda no me excito, lo hizo la máscara. Si, ahí si me sentí húmeda, si sentí mi flujo salir, si tuve un estremecimiento de placer, si que podía llegar al orgasmo, así que cuando vi su cuello a mi alcance me abalance a por él, lo mordí, no , lo desgarre, no, lo hice mío con tanta saña que mastique un trozo de su carne en mi boca.

Grito, aulló, su garganta dejo escapar tal sonido de angustia, que oh, otro fallo, señor de la máscara, solo hizo excitarme más, así que me agarre con fuerza a ese cuello y lo desgarre comiéndome partes suyas, tragándome trozos enteros sin masticar, hasta que deje de sentir su fuerza sobre mí, hasta que sentí que ya solo era un cuerpo muerto, hasta que sentí mis partes mojadas y supe que ya solo tocaba encender un cigarrillo y fumar.


ESCRITO POR: SORAYA MURILLO HERNÁNDEZ

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