viernes, 15 de noviembre de 2013

MI VECINA DEL 4º


Hoy vi a mi vecina del  4º . Regresaba yo de un paseo matinal. Hacía una semana que no paraba de llover, era uno de esos abriles que hacen justicia a su dicho: "abril aguas mil" , y me había quedado una semana sin paseo. La lluvia estuvo cayendo con ganas y en estos días lo que más me apetece es estar en mi mesa camilla y leer. Pero hoy salió el sol y reanudé mi rutina, pude volver a oler las primeras violetas que habían brotado. Me gusta ese olor, mi abuela siempre me decía que era el único perfume que podían oler los  no muertos.

Estábamos las dos esperando el ascensor  y le pregunté cómo se encontraba, sabía que hacia un par de meses que  no estaba muy bien, incluso la ingresaron un par de días de urgencia, no sabían aún de qué , una especie de brote  alérgico la dejaba sin poder respirar.  Me respondió con un tono quejumbroso  pero alegre, gracias a Dios parecía que le habían acertado con la medicación, llevaba ya varios días bien, sin problemas, me alegré por ella y como buena vecina le dije que si necesitaba algo me lo hiciera saber. Y así nos despedimos en el cuarto piso, yo seguí subiendo, vivo un piso más arriba.
Abrí la puerta de mi piso, pero no entré, llamé a mi gato, Merlín, para subir un momento a la terraza y que le diera el sol, como buen gato vino rápido, frotó su rabo entre mis piernas y subimos.  La terraza es muy amplia con zonas de sol y sombra y un rincón donde mi vecina del 4º tiene varias plantas, geranios, margaritas, rosales… , alguna ya con flor , otras con nuevos brotes verdes.  Me cuesta mucho mantener a Merlín a raya, él solo quiere ir a las plantas, pero no lo dejo, no quiero que las estropee.
Antes de Merlín tuve otro gato, uno que me encontré en la calle al lado de un cubo de basura, lo crie hasta los seis años, la edad en que murió.  Hay gente que dice que la muerte de un animal no es comparable a la de un ser humano, vale, sí, un hijo es un hijo y un gato es un gato, pero cuando no tienes hijo y tu gato es ambas cosas verlo muerto es muy duro, mucho.
Fue hace seis años, eso creo que ya lo escribí, se cayó de la terraza al patio de luces, murió al instante o eso pienso yo por como tenía abierta la cabeza.  No me gusta recordarlo, lo dejé un momento en la terraza solo  y bajé a limpiar el piso y cuando subí media hora más tarde no lo vi. Pensé que alguien había subido a tender y había aprovechado la puerta abierta para  bajar  a la calle, pero me pareció raro. Me asomé al patio de luces sólo por asomarme, juro que de saber que estaba allí muerto no lo hubiera hecho, así que cuando lo vi, pensé que no era verdad, algo que mi vista me hacía ver, pero sí, estaba allí muerto. Lo enterré con mis manos, en uno de mis campos, y digo con mis manos, ya que no se me ocurrió coger nada .No sé si alguna vez habéis intentado cavar con las manos, da igual que la tierra este blanda, no es fácil, así que no lo pude hacer muy hondo, lo cubrí y allí lo deje.
El sol calienta un poco, las noticias de anoche dijeron que la borrasca había pasado y venían buenos días de sol, eso sólo quiere decir una cosa, mi vecina del  4º empeorará. No es casualidad que mejorara los días de lluvia, los días en que yo no pude acercarme al cementerio, al lugar donde había dejado dentro de una pequeña bolsa de plástico un cangrejo con un papel con su nombre completo y un trozo de tela de una de las chaquetas que puso a tender y le quité. No, no es casualidad, que mi abuela me enseñara que si ponías un cangrejo a secar con un papel con el nombre de esa persona y algo suyo personal, tal y como se secara el cangrejo lo haría ella por dentro. Y no, me cago en la puta vieja, no es casualidad que alguien me dijera que vio como ella achuchó a mi antiguo gato con el palo de la escoba por estar en sus plantas y el gato asustado se subió a la barandilla y se cayó. No, no lo es, y me da igual que mi gato muriera al instante, ella no lo hará, tendré al cangrejo vivo y semi muerto tanto tiempo como me dé la gana, morirá sufriendo, morirá el primer fin de semana del mes que viene, y no, no es casualidad, ese fin de semana se casa su única hija, así que ya puestos no me cuesta nada cambiar una celebración por otra.  La abuela tenía razón en todo, y sí, la venganza sabe mejor en frío.

POR SORAYA MURILLO HERNANDEZ

No hay comentarios:

Publicar un comentario