viernes, 20 de diciembre de 2013

SILENCIO NAVIDEÑO


De camino hacia su casa, me va explicando que es madre soltera, que se llama Aurora, que ha dejado solo a su hijo en casa por que no puede pagar a la canguro, anteriormente tuvo mucho dinero gracias a sus trabajos de la calle, pero después de quedarse embarazada se centró mas en su niño.
Ahora su labor diaria es ser secretaria de una asesoría, mal pagada, pero suficiente para vivir.
Al llegar al edificio, algo en mi interior arde, es una sensación que sale desde mi garganta y baja hasta mi estómago provocando gases imperceptibles, oigo unas campanillas que tintinean  a mi alrededor, me giro y veo sombras danzando a la altura de mis rodillas, no las distingo muy bien, pero juraría que…

-         Disculpe, ¿se encuentra bien?- Aurora se acerca a mi ayudándome a subir las escaleras.
-         Si, perdóneme, creí oír... no tiene importancia- Intento disimular el ardor de estómago que siento mezclado con los gases.

En cuanto abre la puerta del piso, me echo hacia atrás y empiezo a recordar, si, lo sé… eso fue lo que pasó.
Hace unas horas cogí mi trineo y mi saco, pero algo fallaba, no era Rojo ni yo vestía de ese color, voy de oscuro, mi saco es negro y yo no estoy feliz, estoy enfadado, soy la rabia pura, el juez, el verdugo.
Me siento fuerte en estas fechas, a veces se me hacen cortas, y pienso que va siendo hora de dejarlo, pero no puedo fallar a mis fieles madres y padres, que lloriquean por mi ayuda, esa ayuda que me taladra la mente durante los días anteriores a mi trabajo.
Mi casa esta situada en el fondo mas oscuro del pozo mas hondo que jamás nadie podrá encontrar, a mi alrededor lava y montañas puntiagudas adornan mi hogar, el trineo que me espera no está tirado por renos, en su lugar perros negros como el mas oscuro de los infiernos, están sujetos a el, desde su nariz rezuma fuego y sus ojos son de rojo brillante, hechos a mi gusto, desde mi mas sincero deseo.
Tampoco tengo elfos verdes, son elfos oscuros, que se ríen con malicia como a mi me gusta, elfos que querían ser vistos hace unos minutos…
Aurora llama a gritos a su hijo Samuel.
Samuel, fotogramas pasan por mi mente, una detrás de otra, sé que por mas que Aurora busque a su hijo no lo encontrara, se que ahora yace dentro de mi.
Soy todo lo contrario a Papa Nöel, todo lo contrario a la Navidad, y sí, me como a los niños.
Niños malos, egoístas y mentirosos.
Las cartas que las madres y padres hacen por sus hijos y que prometen que llegaran a Papa Nöel, esa carta no llega nunca, pero yo, yo si las leo, una por una; y veo dolor de los padres, por hijos que no tienen valores desde pequeños, y la mejor manera es hacerles desaparecer.
Me los como, sus pecados forman parte de mi ser sin alma, ellos me alimentan una vez al año para poder continuar al siguiente, pequeños que serán dados como raptados o desaparecidos.
Cuando entré en casa de Aurora por la ventana del cuarto de Samuel, los ojos del niño se abrieron como platos, gritaba de júbilo pensando que le traería un buen festín de regalos cuando el que mas disfrutaría de esto iba a ser yo.
El niño empezó a correr por el cuarto en cuanto vio mi forma real, pero de un salto conseguí cogerle de la capucha del jersey.
Estaba rojo, y lloraba, parecía que sabía lo que le esperaba, mocos y mocos salían de su nariz y entraban en su boca.
Cogí al niño y le hice una última prueba para que me demostrara que no era ninguna de las 3 cosas que su madre rogaba en la carta por que dejase atrás.
En menos de un minuto consiguió mentirme varias veces, le zafe fuerte por los hombros y  mi boca, se fue abriendo, el proceso es lento ya que mi mandíbula tiene que desencajarse para que entren enteros y de un solo bocado, no duele, solo suena, hace un chasquido de rotura, ahí es cuando los niños suelen desmayarse, las babas corren por mi barba negra, espesa y cerrada, la recorren por completo hasta caer gota a gota desde su punta, mi lengua hinchada, mas grande de lo normal y ennegrecida por la emoción, desea tomar a ese niño para que no manche a la humanidad con su presencia.
Esto es el espíritu navideño para mi, me hace feliz, hago felices a las madres, jamás tendrán que preocuparse de sus hijos, ya nunca mas.
Aurora se gira y viene en mi busca, me pide ayuda, y yo espero a que se gire y la doy un golpe con saña en la cabeza.
Cuando despierte pensará que los supuestos ladrones estaban todavía en su casa y que se han llevado al niño y yo he huido.
Ahora recuerdo que paso después de comerme a Samuel, cuando mi mandíbula se encajo de nuevo en su sitio y eructé, el niño resbalo hasta mi panza, se notaba como se iba pasando desde mi garganta hasta llegar a mi barriga.
Me dispuse a salir por la ventana, la escalera de incendios estaba mal sujetada, resbalé, estas malditas botas nuevas me jugaron una mala pasada, eso, y el inútil que no supervisa la salida de incendios de la fachada contribuyeron a mi torpeza, el golpe desde una altura semejante fue terrible.
Me golpeé la cabeza con los hierros de la misma mientras caía y me quedé colgado de mi chaqueta la cual fue arrancada de mi cuerpo por mi peso.
Después lo único que recuerdo es despertarme y estar en el callejón.
Entro al piso, tengo que ir ala habitación del niño e intentar recuperar la parte del traje que me falta.
Ahí está, colgado en la escalera, asomándome puedo verlo y con cuidado voy saliendo apoyándome bien y con cuidado, no puedo evitar sonreír mientras me acuerdo de lo rico que estaba Samuel.
Por instinto miro al tejado de enfrente y  puedo divisar mi trineo, y en el mis elfos, ahora los veo con total claridad, me saludan con esos ojos rojos y esas sonrisas picaronas que tanto me gustan.
Doy un silbido y vienen hacia mí, me subo y recupero mi atuendo, no sin dificultad ya que estaba bien colgado.
La noche será larga, es Noche Buena y tengo mucho trabajo por hacer, quien sabe si tal vez no sólo me dedique a comer niños, hay adultos que deberían ser tragados también.
Arreo a mis perros que están sedientos de seguir trabajando, la noche será fría como a mi me gusta, el frío que antes sentía, se ha convertido en calor, estoy haciendo la digestión; preparado para el siguiente.
Diviso la próxima casa, un niño cruel, envidioso, es todo lo que necesito saber, sin preguntas ni remordimientos, solo la sonrisa y el gusto por hacer feliz a unos padres.
Dejo mi trineo cerca, esta vez llevare algún condimento, pimienta, sal….

De donde vengo, quien soy realmente y como me llamo… Silencio... es lo único que encontrareis, Silencio, lo que deberéis guardar.


ESCRITO POR LORENA GIL REY

5 comentarios:

  1. Muy bueno Lorena, has revivido la parte más negra de la Navidad. Perfecto.

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    1. Muchas gracias por leerlo y por el cumplido, me alegra q te haya gustado; y espero q el resto de los míos y mis compañeras tb. Gracias nuevamente.

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