viernes, 18 de diciembre de 2015

REVISTA NÚMERO 4 "ASESINOS EN SERIE"

Queremos agradecer la colaboración de todas y cada una de las personas que han hecho posible este número:

COLABORADORES
Vicente Garrido
Toti Martínez de Lezea
Juan Luis Landa
David G. Panadero
Javier Arries
Alberto Granados
Alejandro Morales
Ana Morán Infiesta
Marc Sabaté
Juanma Nova García
Cristina Béjar
Elena Torrejón
Francisco Costales Noval
Duran Rain
Fernando Codina
Alberto Martínez
Jesús Mesado
Jonathan Sweeney
Vidal Fernández Solano
Diego García
Juan M. Sánchez
JLF Caronte
JM Segura
Raven Pink
David Carrasco

Nos sentimos muy agradecidos por ello. Es increíble la pasión y el tesón que todos de una forma o de otra ponéis para que ésta pequeña revista siga creciendo, sin vosotros nada de esto sería realidad y es imposible agradecer con palabras todo vuestro trabajo y aporte a este proyecto.
Este número se abre empezando con la espléndida portada de JLF Caronte.
Desde hace unos meses emprendimos la idea de sacar un especial de asesinos en serie, y aquí llega el número 4 de la revista de Vuelo de Cuervos en la que tratamos todo lo que conlleva dicha temática. En ella encontraréis el prólogo de Vicente Garrido; criminólogo y psicólogo valenciano y profesor visitante desde 1991 de la Sociedad Británica de Psicología en la Universidad de Salford (Reino Unido).
Ademas de las secciones de "Pulp", "Gore", "Lugares Abandonados o Malditos", entre otros, podéis encontrar las entrevistas en EXCLUSIVA a Tim Powers, Pilar Pedraza y Rafael Díaz Santander (fundador de la editorial Valdemar).
De entre los artículos de la revista podréis encontrar a Toti Martínez de Lezea en la sección "Mitos y leyendas", a David G. Panadero que nos hablará de la película "Rojo Oscuro" de Darío Argento y no nos olvidamos de Javier Arries con "locura de sangre".
Relato especial a cargo de Alberto Granados con "Estrenando Coche".
Gracias y seguimos volando, os vemos entre las nubes.

         Podéis descargarla de manera gratuita en Lektu pinchando AQUÍ
Aquí debajo tenéis para su visionado on line o bien pinchando AQUÍ




miércoles, 9 de diciembre de 2015

100 AÑOS DE LA METAMORFOSIS DE KAFKA


A Gregor Samsa:

Y ya van 100 años desde que la mente del maestro Kafka engendrara su obra más reconocible. Larga vida al paso de sus páginas, cuyo lamento nos ha reunido a muchos en un lugar tan remoto como improbable: el interior del cascarón de Gregor.
Allí, por increíble que parezca, nos sentimos ligados a una clase de humanidad que es difícil encontrar en algún otro sitio. Es un lugar húmedo y oscuro al que nadie quiere pertenecer, pero al que sin embargo muchos nos sentimos de algún modo apegados. Es algo parecido a la melancolía o la nostalgia, formas divertidas de constatar una tristeza. Golpes bajos que uno aprende a mecer en el regazo.
Allí, muchos compartimos los terrores inexplicables de lo mundano y lo absurdo. Y allí seguimos luchando en comunión, unos cuantos ilusos.
Y esto amigos, el hecho imposible de que los temores irrefutables de varias generaciones de lectores se reúnan en el interior del cascarón de un insecto gigante imaginario, es sólo posible gracias a la literatura.


Por Alberto Martínez, miembro de Noviembre Nocturno.





lunes, 23 de noviembre de 2015

"LA LEYENDA DE LA ISLA SIN VOZ" de VANESSA MONTFORT

Hay veces, muchas, en las que una portada llama tanto tu atención que necesitas comprar el libro, da igual si el tema va con lo que sueles leer o no, hay una indescriptible sensación de pagarlo y llevártelo. Pues con “La leyenda de la isla sin voz” me pasó que, tras leer la sinopsis, necesitaba sumergirme en sus letras. Y es que, aunque no soy de leer este tipo de novelas, su historia es, cuanto menos, misteriosa y emotiva.

Sinopsis:
“Nueva York, enero de 1842: la tenebrosa isla de Blackwell es uno de sus secretos mejor guardados. Ubicada en el East River frente a Manhattan, es conocida por albergar un temido manicomio, un penal, un asilo y un orfanato, el "basurero humano" de la ciudad más poblada del mundo que en ese momento aún sueña con su estatua y sus rascacielos.Un joven escritor inglés llega a Nueva York: Charles Dickens tiene sólo treinta años pero ya se ha convertido en el novelista más célebre de su tiempo. Viaja para encontrarse con sus contemporáneos Washington Irving y Edgar Allan Poe, sin embargo al llegar a su hotel recibe un misterioso anónimo que le invita a visitar la isla de Blackwell. Allí será recibido por las oscuras autoridades de La Isla y por la enfermera Radcliffe, una joven comprometida y soñadora, que será su compañera en esta aventura. Poco a poco se irán desvelando las peligrosas tramas de corrupción y crueldad de Blackwell y por qué, en una de las primeras fotografías de la época, el escritor aparece rodeado de un variopinto grupo de reclusos, huérfanos y locos que se atrevieron a soñar con la libertad, a pesar de estar confinados frente a la ciudad que se convertiría en su símbolo. Los protagonistas de una era que finaliza en nuestro siglo y que hoy cobra más actualidad que nunca. Una apasionante historia de amor y amistad sobre cómo la imaginación y el poder de las historias pueden salvarnos en un mundo que amenaza con romperse.”

“La leyenda de la isla sin voz” hace que viajemos por dos épocas diferentes hasta la isla de Blackwell situada en el East River, Nueva York. Una la que sitúa a un joven Charles Dickens a sus treinta años en 1842 y otra en 1862.

En 1842 Dickens viaja hasta Nueva York, por esa época ya es un prestigioso y conocido escritor que, además, realiza actos filantrópicos en los lugares que visita. Todo cambia cuando recibe una carta invitándole a visitar la isla de Blackwell con el aliciente de que “guarda un secreto”, donde se encuentra un penal, un reformatorio, un manicomio y un orfanato. Sin pensárselo mucho, viaja allí con ganas pero enseguida encontrará una injusticia social y actos deplorables hacia todos sus habitantes por parte de los dirigentes de la isla. Pero, aunque parece imposible que nada se pueda hacer ante todo eso, logrará bajo la ayuda de la enfermera Anne Radclife, darle los mejores días al pequeño grupo que ambos reúnen y que, de forma inesperada contribuyen a que Dickens elabore una de sus  más famosas obras: “Cuento de Navidad”.
Pronto creará un vínculo casi inseparable y emotivo alrededor de los niños Tim y Ratón, y adultos Florita (chamana), el gigante Tom o Lili…todos ellos imprescindibles para que Dickens entienda la labor que debe desempeñar mucho más allá de ver, vivir y comprender la historia encerrada en Blackwell. Todos los personajes están tratados con respeto y con una gran y estremecedora historia por detrás que nos hará emocionarnos a cada página que vayamos pasando.
Conoceremos a un Dickens muy diferente del que muchos de nosotros tengamos en mente. Honesto, valiente y sobre todo recto y luchador por la sociedad desahuciada en la isla, comprometido con sus ideales, con el amor y la amistad.
La forma de narrar de Vanessa es soberbia, llevando un hilo conductor muy bien elaborado, plasmando en cada descripción y escena la atmósfera perfecta para las dos épocas en las que nos hace viajar.

Una novela emotiva, que te provoca el llanto por momentos y alegría e impotencia a la vez, que te sumerge en la miseria pero te enseña todo lo bueno que ven las personas sumidas en ello y que no son ni somos capaces de ver los que más tenemos o tenían en aquella época.

Para terminar puedo decir que algunos dirán que parece una novela del propio Dickens pero no, porque su autora ha conseguido hacerla propia al plasmar una época victoriana con todos los contrapuntos fuertes y necesarios consiguiendo así una obra soberbia destacando en pleno siglo XXI.

Sin duda una lectura que no debe faltar en vuestra biblioteca.



LA AUTORA:

Vanessa Montfort (Barcelona, 1975). Novelista y dramaturga, es licenciada en Ciencias de la Información y reside en Madrid desde la infancia. Comenzó su carrera literaria durante los años universitarios estrenando Quijote Show (1999), Paisaje transportado (2003) y Estábamos destinadas a ser ángeles (2006), año en que se alzó con el XI Premio Ateneo Joven de Sevilla con su primera novela: El ingrediente secreto (Algaida, 2006). Unos meses después, recibió la invitación del Royal Court Theatre (Internacional Residency for Emerging Playwrights, 2007) y repitió en 2008 (Spanish Voices). Su paso por el Royal Court le permitió trabajar con directores británicos como Lindsey Turner y Fiona Laird, realizar talleres con Harold Pinter, Tom Stoppard, Martin Crimp y David Hare, dejando traducidos al inglés Flashback (Royal Court Theatre, 2007), La mejor posibilidad de ser Alex Quantz (Southwark Playhouse Londres, 2008/Fringe Madrid 2012) y La cortesía de los ciegos, cuya versión radiofónica reestrenó RNE en 2012 con apoyo de la SGAE y el INAEM. En el proyecto, a cargo de Nicolas Jackson, participó junto con los dramaturgos Alfredo Sanzol, José Sanchis Sinisterra y Juan Mayorga. Su confirmación como novelista le llega al ganar con su segunda novela Mitología de Nueva York el premio Ateneo de Sevilla 2010, galardón que han recibido escritores de la talla de Juan Marsé, Carmen Conde o Fernando Marías. En 2012, continúa su carrera como dramaturga realizando junto con Marina Bollaín, la primera versión teatral de La Regenta (basada en la novela homónima de Leopoldo Alas Clarín), una producción de Los Teatros del Canal de Madrid. A finales de ese año, dirigió Tres desechos en forma de ópera, del compositor Jorge Fernández Guerra, en el Teatro Guindalera de Madrid. En 2013, ha escrito y dirigido el monólogo musical Sirena negra y ha recibido dos encargos internacionales: Chalk Land (Tierra de tiza, para el Royal Court Theatre de Londres) y Balboa (Teatro Nacional de Panamá) para conmemorar el V Centenario del Descubrimiento del Mar del Sur. Su obra El galgo fue publicada por Fundación SGAE. "Su obra -teatral y narrativa- ha sido recogida en numerosas antologías y estudios críticos tanto en Europa como en América. Otros reconocimientos a su trabajo son: el Premio Nacional Cultura Viva 2009 al autor revelación del año y la Orden de los Descubridores (Universidad St. John's de Nueva York). La Ciudad Ficción, como la autora denomina Nueva York en su obra, es ya parte de su universo literario. Su última novela es La leyenda de la isla sin voz (Plaza y Janés, 2014). (Biografía extraída de la página web oficial de la autora: http://vanessamontfort.com).

Título: La leyenda de la isla sin voz
Autor: Vanessa Montfort
ISBN: 978-84-01-34205-9
Editorial: Plaza & Janés
Género: Narrativa
Páginas: 425
Precio: 18,90 €


Reseña: Lorena Raven


miércoles, 11 de noviembre de 2015

EL NEGRO


Me gustaba escribir. Y lo digo en pasado porque ya no me gusta. Ahora odio todo aquello que tiene que ver con un papel y un lápiz, con una máquina de escribir o con un ordenador. Incluso ver un libro me horroriza.
       Y todo por mi avaricia…
     Noelia era feliz. Una niña traviesa. Una pequeña revoltosa de cinco años que llenaba mi espacio, mis horas y mis días.
       Esto lo digo ahora, porque no puedo escribirlo. Desde la celda 313 grabo en una pequeña cinta mis pensamientos, que bullen locos y pugnan por salir de mi cabeza. Necesito sacarlos de mi mente para no enloquecer.
       En aquellos años no imaginaba que añoraría sus risas, sus gritos y sus rabietas. Para mí era molesto tener que aguantarla fin de semana sí, fin de semana no, en la gran casona que me había comprado con el premio Cervantes.
       A partir de aquello ya no fui el mismo. Me llovieron ofertas de todas las editoriales y solo pensaba en escribir y escribir. Comía en el dormitorio, dormía en el sofá para no perder ni un minuto de descanso. Sin vestirme, sin ducharme, sin afeitarme.
     Noelia pasó a un segundo plano. Jugaba con sus muñecas en el cuarto de los niños y, cuando se aburría, se pasaba las horas muertas pegada al televisor.
     El trabajo fue acumulándose. Fui incapaz de seleccionar ofertas y firmé todos los contratos que me pusieron sobre la mesa. Y una mañana me di cuenta de que me sobrepasaran los encargos. Iba a ser incapaz de entregar en plazo las novelas. Ya había cobrado anticipos de derechos de autor y no podía devolverlos. La sobredimensionada hipoteca de mi mansión se comía todos mis ingresos.
       Y pensé: «Algo tengo que hacer para salir de este embrollo».
      La solución apareció en mi propia casa. Una voz me habló, en sueños, la noche de los muertos.
        —Yo te puedo conseguir un negro. A cambio, necesito algo tuyo que me alimente.
      En mi angustiosa ansiedad no quise razonar la locura del pedido y accedí al trueque. No recordé que Noelia estaba en casa, que pasaba ese puente conmigo porque Irene se había ido de crucero con su nuevo novio, veinte años más joven que ella.
      La voz me guió hasta mi habitación y me dijo que durmiera esa noche como nunca lo hubiera hecho. Al día siguiente mi nuevo empleado, el negro, haría el trabajo sucio por mí y todas las novelas se entregarían a tiempo.
      Así que, antes de acostarme, me bebí una botella de bourbon para celebrarlo, y me acosté en mi cama por primera vez en años.
    Me despertaron los gritos agónicos de mi hija. Miré el reloj de la mesilla y, sorprendido, observé que eran las doce de la noche. No había dormido apenas nada.
    Los alaridos eran dolorosamente hirientes en mis oídos. Como si mi hija se estuviera reventando por dentro. Corrí a su habitación y, al verla, mis gritos de terror se oyeron a los suyos.
      De su boca surgía una mano, que se abría paso desde el interior de sus entrañas. Se le abrieron los labios y la sangre comenzó a fluir de su cara desencajada. La mandíbula hizo un ruido, como un chasquido, que todavía oigo en sueños, al partirse. Sus ojos se salieron de las órbitas, arrancados violentamente desde el interior, mientras un ser salido del infierno se abría paso, surgiendo de su cuerpo desmembrado y roto. Era un negro.

    La policía llegó alertada por los vecinos. No tuvo que insistir mucho en mi detención. Todas las pruebas apuntaban a mí. Desde la cárcel observo el mundo y recuerdo lo ocurrido. Cometí un error absurdo en la noche de difuntos. Y ahora lo pago caro, muy caro.
     Acusado de asesinato con ensañamiento, me condenaron a cadena perpetua. A veces, el guardia, para divertirse, me enseña fotos de negros desnudos. Solo con mirarlos dos segundos enloquezco, y me encierran en una celda de aislamiento hasta que me tranquilizo.
     Irene no me lo ha perdonado ni me lo perdonará. Se quedó la mansión y sé, por mi abogado, que la vendió. No me creyó cuando le conté lo que pasó realmente, pero dijo que en aquella casa oía risas y voces extrañas.

   Espero que quien adquiriera la casa nunca pida un deseo en la noche de Halloween…



jueves, 5 de noviembre de 2015

WEST CROW

El montículo de tierra situado en mi espalda se ha clavado en mis vértebras como una astilla diminuta que perfora sin esfuerzo la piel para incomodarte hasta que la sacas.
Remuevo la lengua dentro de mi boca y… oh, sí, me falta algún diente que no sé dónde ni cómo llegué a perder.
Se me olvidó hace tiempo el sabor de la sangre, o lo que duele sentir el frío clavado en mis  huesos carcomidos.
Mis párpados se desperezan después de tanto tiempo y es que es demasiado como para recordarlo y aunque ha pasado un año desde la última vez, parece que lleve una eternidad aquí encerrado. Puedo mover mis ojos pero todavía me cuesta parpadear lo suficiente, aunque me da igual, no lograré lubricar mis lagrimales por mucho que lo intente.
Soy consciente de todo, y qué demonios, en el fondo me gusta.
Una vez al año se enciende una luz, me saca de mi sueño y la sigo. No es posible alcanzarla porque cuando estiro el brazo para tocarla con mis largos y mugrientos dedos la muy mal nacida desaparece. Entonces despierto, aunque no de manera normal porque yo, yo ya estoy muerto. Sí, ya no pertenezco ni a este mundo ni al otro.
La primera vez no había pasado mucho de mi muerte, o al menos eso creo, porque todavía no había perdido la coloración en mi piel ni tampoco tenía las uñas putrefactas y descascarilladas. Las siguientes veces fueron tan desagradables que juré no volver a intentar mirarme a mi mismo. Bueno… esa “parte” sí, aunque hubiese sido mejor que declinar la tentación. No lo niegues, tú también lo habrías hecho.
Yo tenía un nombre, me llamaban Robert, Robert el lento.
En West Crow no podías andarte con tonterías, o desenfundabas rápido o morías y… pues eso.
Algo golpea con fuerza encima de mí tumba. Creo que si el corazón me latiese se me saldría del pecho en estos momentos. Cachos de madera empiezan a ceder y un destello blanquecino perturba mi “no descanso”.

—Es Robert el lento muchachos —oigo afuera.
—¿Estás seguro? —Me suena esa voz.
—¡Por fin! —Grita fuerte otro.
—Saquémoslo de aquí. Echadme una mano, venga —repite el primer hombre.


Me crujen todos los huesos; si pudiera patearles el culo lo haría pero lo poco que queda de mi cuerpo se tambalea intentando conseguir la horizontalidad suficiente como para darme cuenta de que varios ciudadanos de West Crow me miran con cara de satisfacción.

—Perdón por tardar un poco más de lo normal Robert —dice el grandullón de Mike el tuerto. No me acostumbro a ver esa masa negra que cae por su cuenca—. El inútil de Tim olvidó dónde te enterró el año pasado.
—No pasa nada chicos, unos minutos más y me pierdo la fiesta. Me las hubierais tenido que pagar en el más allá. —Menuda tontería como si eso fuese a ocurrir.
Bajamos la ladera, despacio y con mucho cuidado. La vez pasada a Margaret se le torció un pie y ahora lo lleva a rastras, es asqueroso, aunque la estampa en general es cuanto menos para echarse a reír, o a llorar depende de cada cual.
Hay nuevas casas colindantes a las del año pasado, son tan grandes que casi todos nosotros cabríamos sólo en el salón. Si estas personas hubieran conocido la cuadra en la que me crié…
Proseguimos nuestro camino, ahora viene lo más divertido, intentar cruzar el río sin mojarnos demasiado; aún lloramos la perdida del viejo Carl, se resbaló y lo primero que perdió fue la cabeza, el tronco y las extremidades danzaban persiguiéndole riachuelo abajo, parecía un muñeco hecho de paja. Tuvo su aquel porque desde entonces decidimos agarrarnos de las manos, o de lo que pillemos, que a estas alturas no estamos como para ser exquisitos los unos con los otros, y así ganamos la batalla. Mojados, pegajosos y a trompicones nos mezclamos con un pequeño grupo de ignorantes vestidos de vaqueros… o un intento de ello.
Tim intenta escupir al suelo, le pongo una mano en el hombro e intento poner cara de “venga, no hagas esfuerzos que no estamos como para recoger tus dientes, ni tampoco para recoger del suelo al que intente cogerlos.”
Y así un año más intentaremos parecer normales dentro de la marabunta de vivos que no saben que están rodeados de muertos.
¡Oh! Una chica guapa… me miro “ahí”; bah, ni lo intentes…


Una vez al año el pueblo de West Crow revive para la noche de ánimas mezclándose con los habitantes de la nueva ciudad West, a apenas un par de kilómetros. Al amanecer cada cual vuelve a su lugar de descanso, ayudándose los unos a los otros para dejar todo tal y como debe quedar hasta el año siguiente.
Unos dicen que la maldición la trajo un cuervo tan oscuro como la propia muerte, otros que el poblado de los Crow juró venganza por el robo de sus tierras, y los que menos afirman haber visto presencias oscuras el mismo día en que todos despertaron, como si el propio mal quisiera divertirse a costa de ellos.


La danza de los muertos entre los vivos será, ya seas o no uno de ellos ¿Qué más da?

jueves, 22 de octubre de 2015

EL REGALO

Sentada en el suelo, con aquella delicada caja de madera sobre su regazo, Clara parecía una muñeca de porcelana. Su blanca piel, más blanca si cabe por efecto del terror, y su melena negra contrastaban en loca armonía a la luz de los candelabros.
Hacía tiempo que no prestaba atención a los ruidos que rodeaban su habitación. Había superado el umbral de terror. Una hora antes su miedo era tal que ella sola había conseguido mover su pesado armario para colocarlo frente a la puerta. No estaba segura de cuánto podría soportar las furiosas embestidas que estaba recibiendo desde el otro lado, pero era lo único que había podido hacer. Esa muralla improvisada ofrecía una precaria ventaja sobre la bestia que rondaba su habitación. Aquella insistencia por entrar sólo quería decir una cosa: era la última persona viva en toda la casa.
Se le escapó una lágrima pensando en su madre. Ella se había enfrentado a su hermano para que tuviera una oportunidad de escapar. Él no había tenido piedad. La había despedazado mientras ella corría toda la longitud de aquel largo pasillo hasta alcanzar la escalera hacia su cuarto. Entonces se dio cuenta de su error. Mientras escuchaba los gritos de dolor de su madre, comprendió que tenía que haber bajado las escaleras y haber corrido en espacio abierto. Ahora se había encerrado en su habitación y sólo era cuestión de tiempo que su hermano consiguiera entrar. La única oportunidad de Clara era el amanecer, pero la noche era lenta. Discurría pesada envuelta en su terciopelo azul. Sin querer, al hilo de sus pensamientos, sus ojos se volvieron hacia el marco de la ventana.
El viento bailaba con delicadeza con las cortinas, mientras en el cielo, una dura luna llena dominaba el firmamento eclipsando con su luz azulada todas las estrellas. Era como el ojo que todo lo ve, imponente en su mar de oscuridad. Nunca la luna le había parecido tan brutal, tan dura. No había fantasía en aquel disco nacarado, no había amor ni romanticismo. Era una amenaza circular prendida de la noche. Estaba allí para cobrarse su vida, y su hermano había sido elegido como el ejecutor necesario.
La caja de madera le transmitía calor. Sabía qué había dentro, pero nunca lo había comprendido hasta ese momento. Recordó a su padre el día que le hizo aquel regalo. No fue en su cumpleaños, ni en Navidad ni en ninguna otra fecha señalada. Una noche, cuando ya estaba acostada, llamaron a su puerta. Escuchó su voz grave pidiendo permiso para entrar. Después se sentó en su cama y le ofreció aquella caja.
—¿Qué es esto? ¿Un regalo? —preguntó emocionada.
—Un regalo que preferiría no tener que hacer —respondió el con gravedad—. Quiero que me escuches con atención:
»Esta caja lleva siglos en la familia, Su contenido ha cambiado acorde con los tiempos, pero no el motivo de su existencia. Ha habido momentos en los que ha pasado décadas escondida, pero de vez en cuando, es necesario que aparezca. La frase que está grabada en su exterior –pasó los dedos por el grabado— no corresponde con ningún idioma actual. En realidad no corresponde con ningún idioma humano –aclaró—. Esta era la lengua que hablaban los que vivieron aquí antes que nosotros.
»El pasado fue belicoso —siguió hablando—. En un mundo donde nunca amanecía. Las criaturas que aprendieron a alimentarse de la luz de la luna tomaron ventaja. Eran imparables, fuertes… casi podríamos decir que eran perfectas, pero eso era sólo una apariencia. Su voracidad sin límites era incompatible con su futuro, además de ser extremadamente contagiosa.
»Consiguieron ocultarse en otros seres: eso los salvó, Pero no contaron con que sus anfitriones los dominarían, los someterían a sus propia naturaleza y los contendrían en su interior. Sin embargo, la prisión no es perfecta. En ocasiones escapan e intentan contagiar su progenie infame a otros seres, confiando en hallar el eslabón débil de la cadena que les permita escapar de nuestro control.

Se paró un momento. Parecía un hombre derrotado. Clara no recordaba haberlo visto nunca así.
—Los varones de mi familia somos esos eslabones débiles —dijo con pesar—. Tu madre lo supo antes de casarnos, y aun así aceptó. Cuando tú naciste respiramos tranquilos, pero cuando después vino tu hermano al mundo… bueno —sus ojos se humedecieron—, supimos que había vuelto a ocurrir.
»Yo mismo atendí el parto, tú no puedes recordarlo porque tenías sólo dos años. En mi condición de médico militar no tuve problema para rechazar la presencia de una partera. Tenías que haberlo visto -se cubrió los ojos con la mano como si temiera que las imágenes se escaparan a través de ellos—. Nació bajo una luna negra. Sólo se da cada doscientos años —explicó—. Estaba completamente cubierto de vello. Tuve que pelear con él para separarle de la placenta: la estaba devorando. A los tres días comenzó a perder el pelo y por fin aceptó el pecho. Es un hijo maravilloso, y creo que también es un gran hermano para ti, pero, créeme, llegará un día en el que tengas que defenderte de él. Entonces entenderás el porqué de este regalo. Mañana va a cumplir quince años. Puede ocurrir en cualquier momento.

Su padre era la imagen de alguien confesando un crimen.

Clara, acariciando las suaves lajas de nácar incrustadas en el ébano de la caja, releyó por enésima vez la frase grabada a fuego.
“Aquí duerme la bestia”.
No conocía los símbolos, ni era capaz de pronunciar la frase original, pero sabía que esa era la traducción.
Un ruido la sacó de sus pensamientos. No era al otro lado de la puerta: era en la ventana. La bestia estaba trepando por la fachada de la casa. Una garra apareció en el alféizar. Una mano cubierta hasta los nudillos de una pelo negro y lustroso, brillante con destellos azules a la luz de la luna, que alimentaba su necesidad de d muerte. Al extremo de los dedos unas uñas negras y afiladas marcaban la madera del marco. Un segundo después la otra garra estaba a la vista. Clara abrió la caja y se preparó.
Su hermano no tardó en mostrarse completamente. Acuclillado en el marco, recortada su silueta contra aquella luna de plata. Su cuerpo, apenas cubierto por los restos de la ropa, mostró su torso poderoso expandido por la posición de los brazos a ambos lados de la ventana. Sintió la luz azul a la espalda y levantó su cabeza poderosa en un rugido inhumano, más un lamento que una amenaza. Pero era lo que su naturaleza dictaba. Tenía que matar.
La bestia descendió hasta el suelo de la habitación. Se detuvo y la miró a los ojos.
Clara entendió. Le estaba dando tiempo. Había en sus ojos un brillo de humanidad, un destello que pedía terminar con todo aquello. La estaba pidiendo un acto de caridad.
Abrió la caja. Ahora entendía el contenido:
Una pequeña pistola, y dos balas de plata.


jueves, 20 de agosto de 2015

A LOVECRAFT, 125 AÑOS DESPUÉS



Hoy hace 125 años el maestro H.P. Lovecraft llegaba a este mundo para sumergirnos en insospechadas dimensiones tentaculares. Su cuerpo, un mero recipiente, demasiado susceptible a los avatares de la monotonía terrenal: maltrecho, estirado y padeciente. Su mente torturada, incapaz de administrar los episodios de delirio cósmico que lo asaltaban. Lovecraft odió pocas cosas en la vida más de lo que se odió a sí mismo. Se impuso un castigo ejemplar de soledad y taciturnia, melancolizó sus escasos momentos de felicidad y dejó pasar todos los trenes de la vida que conducían más allá de las sombras y fachadas de Providence. Pero viajó, vaya si viajó, quizá fue por eso que se despachó a gusto sobre el papel, derramando la tinta de su miedo y su dolor a golpe de máquina en una travesía agónica, demente y maravillosa entre las inexploradas fronteras de los universos Primigenios.

Desde su pequeño rincón de Nueva Inglaterra hasta los confines de la conciencia y el cosmos inconcebible. Porque a pesar de todo, Lovecraft se compartió a sí mismo como mejor sabía: escribiendo. La correspondencia brotaba de su máquina de escribir y recorría el mundo para llegar a los escritorios de personajes nada desdeñables: Robert E. Howard, Robert Bloch, August Derleth... El llamado Círculo de Lovecraft se fue ampliando hasta donde alcanzaba el servicio de correos. Un grupúsculo de adoradores de la literatura Pulp que se descubrían y leían mutuamente; fantasía, ciencia ficción, terror, espada y brujería... No podemos hablar de Lovecraft sin hablar de su círculo, una asociación no oficial que ha superado todas las fronteras espacio-temporales gracias precisamente a esa apertura de miras, a esa permisividad creativa que compartían en muchos casos, aconsejándose y celebrando aquelarres de ideas de toda índole. Uno de los ejemplos más celebrados nos cuenta como con tan sólo 18 años Robert Bloch solicitó el permiso de Lovecraft en una de sus cartas para poder matarlo en el relato “El Vampiro Estelar”.

El 30 de abril de 1935 Lovecraft contestaría en su habitual jerga tentacular;



A quien pudiera interesar:

Certificio que el señor Robert Bloch, de Milwaukee Wisconsin, EEUU reencarnación de Mijneheer Ludwig Prim,   autor del DE VERMIS MISTERIIS, queda plenamente autorizado para retratar, matar, aniquilar, desintegrar, transfigurar, metamorfosear, o maltratar al abajo firmante, en el cuento titulado, El Vampiro Estelar. 

Firmado. H.P. Lovecraft.











El documento estaba testificado por Abdul Alhazred (escritor del Necronomicon), Friedrich Von Juntz (escritor del Unaussprechlichen Kulten, el Libro de los Cultos sin Nombre) Gaspar du Nord (traductor del Libro de Eibon) y el Lama Tcho-Tcho de Leng con vistosas imitaciones de sus letras originales.
Al siguiente mes de noviembre, Lovecraft le devolvería el favor a Bloch introduciendo un personaje basado en su figura en el relato "El morador de las tinieblas", en el que el protagonista es  Robert Blake, artista y escritor de Milwaukee.  
En más de una ocasión, cuando Lovecraft ya formaba parte de la plantilla habitual de escritores de la célebre revista pulp Weird Tales, solía enviar previamente los relatos a su amigo y también escritor August Derleth para conocer su opinión. Eran frecuentes los ataques de pesimismo que acechaban la ya de por sí escasa autoestima de Lovecraft. L. Sprague de Camp nos cuenta en su biografía dedicada a Lovecraft como Derleth recibía numerosos relatos de Lovecraft destinados a Weird Tales que el solitario de Providence se empeñaba en desechar calificándolos de “basura”, pero Derleth solía ignorar la opinión de su amigo Lovecraft y enviaba los relatos en secreto a la revista que, por supuesto, los publicaba.
Tras la muerte de Lovecraft, Derleth se convertiría en editor de buena parte de su obra y fundaría la hoy mítica editorial Arkham House, que serviría también de plataforma para ampliar y promocionar la Weird Fiction y el Horror Cósmico y de paso para dar inicio a la presentación formal del círculo lovecraftiano.
Así, 125 años después de su nacimiento, las líneas trazadas por este grupúsculo de marginados literarios, obligados a publicar en ediciones de baratillo durante buena parte de su carrera, mantiene abiertas sus puertas hoy en día para todos los sectarios que se atrevan a cruzar el umbral de la página como lectores o como escritores del Círculo. Porque ese Círculo somos todos, ese Círculo es nuestro.   
Para el Maestro Lovecraft, Que su alma abrumada de penas tenga en la muerte el descanso que no pudo conciliar en vida.

Alberto Martínez de Noviembre Nocturno

Ilustración: Juan Aguilera (http://dibujosguan.blogspot.be/)


viernes, 12 de junio de 2015

REVISTA Nº3 DE VUELO DE CUERVOS

Como llevábamos anunciando toda la semana aquí tenéis la revista de Vuelo de Cuevos, en concreto el número 3 que os dará para pasar un verano a todo lujo.
Prólogo del gran David Jasso.
Portada impresionante de Alberto Góngora.
Con entrevistas a los grandes escritores como son Alberto Vázquez Figueroa, Adam Nevil y el ilustrador Xavier Leperdú. 
Con un montón de relatos para poder leer en varios bloques, secciones fijas pero con un lavado de cara en el que hemos estado trabajando para darle la calidad que se merecen nuestros colaboradores.

Os dejamos el enlace de ISSUU para su visionado digital en forma de revista online y como no, el enlace a LEKTU para su descarga completamente GRATUITA. En el segundo caso solo debéis pinchar en la foto de abajo del todo de portada de la revista para que os lleve a Lektu.

¡QUE LA DISFRUTÉIS!





lunes, 13 de abril de 2015

SEBASTIAN ROA MESADO


Sebastián Roa Mesado

        Sebastián Roa Mesado (Teruel, 1968), es licenciado en Derecho por la Universidad Nacional Educación a Distancia y Licenciado en Ciencias Policiales por la Universidad de Salamanca.
       En 2007 publicó su primera obra Casus Belli, un thriller de ficción política y bélica. En el año 2008 salió a la luz su segundo trabajo, El caballero del Alba, novela histórica basada en Los Amantes de  Teruel. En junio de 2010, Venganza de Sangre resultó ganadora del Premio Novela Histórica Comarca del Cinca Medio.
       Sus novelas se engloban dentro del género histórico-bélico, con incursiones en la novela policial. Este año en curso publica su última novela llamada El Ejército de Dios.



       Desde este blog tenemos el honor de entrevistar y aprender de uno de los escritores que mejor ha irrumpido en la novela histórica, dejando su marca en este género.
Con gran futuro por delante, aquí os dejamos su punto de vista acerca de este mundo literario y otras cosas.


1.   ¿Cómo irrumpes en el mundo de la escritura? ¿Qué es lo que te motivó?

Tenía la inquietud desde muy jovencito y me apetecía probar. Primero con algún relato y, poco a poco, hasta llegar a la novela. Sin ánimo de publicar. Solo para ver si era capaz de terminar una narración extensa. Es cuestión de atreverse, de aprender, de probar, equivocarse y, sobre todo, de tener algo que contar.

2. Tu primer trabajo, “Casus belli”, se mueve en una temática de ficción. A partir de tu segunda obra acometes la novela histórica para ya quedarte. ¿Por qué este cambio?

En realidad no se trata de un cambio tan grande. La novela histórica también es, ante todo, ficción. Las dos columnas básicas que sostienen una novela son las mismas en todos los géneros: trama y personajes. Un error muy extendido es que en narrativa histórica se prescinde, siquiera parcialmente, de alguna de estas dos columnas, normalmente porque el argumento y los protagonistas —eso dicen quienes menosprecian el género— no dependen de la imaginación del autor o de su habilidad para manejar libremente el pulso narrativo. Si lo piensas bien, la única diferencia es el contexto temporal; en mi caso porque me resultan muy atractivas ciertas épocas pretéritas. Por lo demás, la ficción es ficción, sea de terror, policiaca, romántica, histórica, fantástica…

3. ¿Hasta que punto te gustaría ver una obra tuya adaptada al cine? ¿Te daría miedo que se perdiese la esencia en el tránsito?

Claro que me gustaría. Y no creas al novelista que te diga lo contrario. En cuanto al riesgo de que pierda la esencia, no lo considero tal. ¿Piensas que el Alatriste literario ha perdido su valor por culpa de la película o de la serie? Yo pienso que no.

4.  ¿Qué escritores se han convertido en una referencia para ti a la hora de escribir?

Por cercanía de género, Posteguillo, Corral, Eslava Galán y Pérez-Reverte. Fuera de España, Pressfield y Manfredi. Aparte géneros, soy un gran admirador de Delibes. Y ya que nos ponemos, vayamos lejos y nombremos al imprescindible Platón.

   5. ¿Qué pueden aportar los nuevos escritores que vienen detrás? ¿Son mejores o peores tiempos que cuando empezaste en este mundo?

Son distintos. Más complicados por causa de la publicación digital y la hipertrofia del mercado editorial. Hay tanta gente escribiendo que los auténticos talentos se pierden en la muchedumbre, tanto para los editores como para los lectores. Por otra parte, la inmediatez entre autores y lectores ha convertido el mundillo en una especie de mercadito donde priman las estrategias publicitarias agresivas y el dominio de las redes sociales, y donde proliferan los intermediarios, expertos en coaching y otras hierbas que sangran a los noveles incautos. Con semejante ruido impidiendo disfrutar de la música, acaba uno por recurrir a las grandes editoriales y a los autores consagrados. Lo malo del método es que, con ser más fiable —que no infalible—, es también perjudicial para descubrir joyas en bruto.

    6.  Descríbenos el trabajo previo antes de acometer un nuevo libro. ¿Qué proceso sigues? ¿Qué te hace ponerte a crear algo?

Primero llega la idea, que ha de motivarme lo suficiente como para dedicarle los próximos dos años y medio de mi vida. Fijado el contexto cronológico y espacial en el que quiero desarrollar esa idea, empieza el proceso de documentación, de lo general a lo específico. Tras un periodo de seis meses como base documental, sigo con la planificación de la trama y la creación de los personajes. Cuando tengo el mapa completo, toca ponerse a escribir.

7.  De tus cinco trabajos, ¿Cuál es tú hijo predilecto? ¿Te arrepientes de haber podido hacer más por alguno de ellos ahora que los ves publicados?

Mi novela favorita ha de ser siempre la última. Si no es así, no estoy progresando adecuadamente y he de replantear mi carrera. La novela perfecta, por otra parte, no existe. Eso implica que todas las que he escrito son mejorables, pero la idea es detectar los fallos y aprender de ellos, precisamente para que la siguiente novela supere a la anterior. Según este esquema, un autor no debe arrepentirse de sus errores, pero sí de no haberse empleado a fondo.

8.  ¿Dónde escribes? ¿Cuál es tu rincón favorito para abrir tu mente y dar forma a las historias que transmites?

Soy muy previsible. Escribo en mi escritorio, en mi ordenador de sobremesa, con la documentación a mi alcance y un gran corcho repleto de notas y chinchetas delante de mí. Con música casi siempre.

9.   ¿Qué te inspira más: el norte de España o la zona mediterránea?

En principio no hay diferencia. Mis ideas proceden más de hechos y personajes que de lugares. Aunque es cierto que en la Plena Edad Media, que es donde suelo situar mis novelas, se dieron episodios más jugosos en la costa mediterránea y en el resto de la frontera entre los reinos cristianos y al-Ándalus.

10.  ¿Cómo ves actualmente a la sociedad respecto al mundo de la literatura? ¿Temes que el papel claudique a favor del libro electrónico? ¿Crees que el universo cinematográfico solapará alguna vez al mundo del libro?

El cine y la literatura llevan décadas de armoniosa convivencia, eso no tiene por qué cambiar. Es más: son disciplinas que se enriquecen la una a la otra. En cuanto al libro electrónico, me declaro un total ignorante. Parece ser que la publicación digital ha abierto la puerta a la piratería salvaje, con lo que la llegada de los e-books, más que amenazar al papel, podría estar amenazando a la literatura misma.

11.     Antes de terminar, ¿pensabas que llegarías tan lejos? ¿Algún consejo para los que quieren ser un escritor tan reconocido como tú?

Yo, prácticamente, acabo de empezar. Y nada me garantiza que en uno o dos años no esté de nuevo en la línea de salida. Pero venga, allá va un consejo. O mejor dos: sed humildes y perseverad. Un escritor no es cualquiera que se pone a escribir. Ni siquiera te conviertes en escritor por terminar un libro, o por publicarlo. O por publicar dos, cinco o diez. Un escritor es una persona capaz de escribir con excelencia, de forma reconocida por el común de los mortales durante mucho, mucho tiempo. Un artista que sobresale muy por encima de sus semejantes, precisamente porque si todos fuéramos capaces de hacer lo que él hace, su mérito sería nulo. Escritores eran Miguel Delibes, Ramón J. Sender o Blasco Ibáñez. Los demás nos tenemos que conformar con ser autores de nuestras obras, conscientes del largo camino que nos queda por andar y de la altísima probabilidad de que jamás lleguemos a la meta. Quien pretenda seguir el sendero de la literatura, ha de asumir esta gran verdad. Entonces habrá dado el paso más importante para llegar a ser escritor.



Muchísimas gracias Sebastián Roa, esta entrevista es una gran oportunidad para aprender de los mejores.





miércoles, 25 de marzo de 2015

ENTRE MUROS BLANCOS



“Entre muros blancos”


Jaime prestó atención a los sonidos que llegaban desde las habitaciones contiguas.
—Si cierras los ojos desaparecerán, si cierras los ojos desaparecerán, si cierras los ojos desaparecerán...
La misma frase de siempre, recitada con aquel ritmo de letanía que se modulaba continuamente desde un murmullo hasta un grito colérico. La vecina del pabellón 2A.
Cuando apagaban la luz, la voz inconfundible del habitante del 2C se convertía en un llanto incontrolado al que acompañaban invariablemente las palabras:
—¿Hay alguien ahí? ¿Quién eres? ¡¡¡Quién eres!!!
Los pasos profesionales resonaban por el pasillo, levantando ecos que vigilaban los trastornos del sueño.
El paciente agresivo, el medicado y atado, el que solo hablaba frases inconexas, el que forcejeaba consigo mismo... incluso el que se creía sano. Todos formaban parte de aquel pedazo del mundo de los vivos. Porque, a pesar de todo, él seguía en el mundo de los vivos. A pesar de las puertas abiertas y del laberinto en el que se habían convertido sus pensamientos.
El sonido desde el 2D le llega amortiguado. El discurso de un hombre formal y juicioso que se aferra a un nombre equivocado. Todas sus palabras pierden coherencia al afirmarlas como el genio que lleva siglos muerto. Una personalidad usurpada... una inteligencia desperdiciada.
Pabellones invadidos por motivos que laceran la razón y la hacen vagar por parajes desconocidos.
En el caso de Jaime fue su actividad personal la que salió más herida. Todas aquellas puertas abiertas que se negaba a atravesar, todo lo que dejó de explorar porque sabía que era el camino que le sacaría del mundo de los vivos.
Un diluvio de reproches. La incomprensión mirara dónde mirara. Pero no atravesó aquellas puertas, no consiguieron que saliera de la seguridad de su propio agujero.

La letanía del 2A  aumenta su volumen y con ello su angustia. Pobre muchacha, nunca podrá escapar de sus propios fantasmas. Llevaba una eternidad cerrando los ojos y no servía de nada... nunca le serviría de nada. Avanzan hacia ella suspendidos en el aire, con pies descalzos que no rozan el suelo, con miradas vacías que se clavan en sus ojos y con unas manos extendidas que nunca llegan a tocarla. Nunca llegaban a rozar su piel porque su único propósito era atormentarla y para eso no necesitaban el tacto ni ningún otro sentido. Nunca desaparecerían de su lado.
Eran sus fantasmas, eran sus mentiras y todo el mundo sabe que uno no puede huir de sus propias mentiras. Y ahora toda su vida se limitaba a una más.
—Si cierras los ojos desaparecerán...
Una mentira más que se esforzaba en creer.
—Si cierras los ojos desaparecerán, si cierras los ojos desaparecerán...
Pero nunca lo hacían. Al abrir los párpados seguían allí, difuminados entre sus lágrimas, con las manos extendidas hacia su conciencia. Las mentiras nunca desaparecen, se quedan creadas para siempre.
Jaime seguía tumbado sobre su espalda. Rodeado de la blancura que llenaba los muros acolchados del pabellón 2B. Muros blancos, incluso sumidos en aquella oscuridad, porque él sabía que eran blancos y eso era suficiente para que no perdieran su color cuando no podía verlos.
Él sabía que la oscuridad no altera la esencia de las cosas. Con o sin luz todo seguía siendo igual. Él sí lo sabía, no como el niño.
El niño siempre le había tenido miedo a la oscuridad, incluso cuando se iba haciendo mayor. Incluso cuando llegó el momento de dormir con la lamparita apagada. Seguía sintiendo miedo y tomaba precauciones, pero ya se estaba haciendo mayor. Dejaba la puerta entreabierta, cerraba el armario, bajaba las persianas y corría las cortinas… Pero aquella noche no miró debajo de la cama. Se estaba haciendo mayor.
Y esa noche, debajo de la cama, algo denso y oscuro empezó a crecer. Se movía de forma lenta y acompasada como si fuera un corazón que palpitaba silencioso, y crecía, y crecía.
Salió deslizándose por el suelo y subió sobre las sábanas que cubrían al niño y el niño que se estaba haciendo mayor abrió los ojos justo en el momento en el que aquella sombra lo engullía. Una sombra que hacía más negra la oscuridad que tanto le amedrentaba.
Y el niño siguió creciendo y jamás dejó de tener miedo a la oscuridad y ahora,  cuando apagan la luz, Jaime lo escucha gritar desde el pabellón 2C.
Todos, a su manera, continuaban en el mundo de los vivos, incluso aquel que había escogido ser alguien muerto... tal vez porque su razón había conseguido engañarlo o tal vez porque su admiración por aquel filósofo era tan fuerte que había decidido que merecía estar vivo. Quizás encontró más méritos en aquella vida que en la de su propia persona. Y decidió ser él, conscientemente o no, quién sabe, pero ahora sus palabras, sus gestos y hasta sus recuerdos se habían convertido en los de aquel otro que, según su raciocinio, nunca mereció morir.
Todos. Todos seguían unidos a este mundo por algún débil e invisible vínculo al que ni ellos mismos sabían cómo estaban atados.
Pero el pabellón 2B era diferente. El vínculo era grueso y consistente porque había sido escogido por propia voluntad.
Aquel agujero blanco y acolchado era todo lo que Jaime deseaba.
Su diagnóstico decía que le protegía de él mismo pero eso era porque los demás no entendían nada.
Él quería vivir. Quería seguir vivo y por eso no pudieron obligarle a atravesar aquellas puertas abiertas. El mundo, de pronto, se había convertido en un lugar demasiado grande, una inmensidad amenazante que lo esperaba fuera de todas aquellas puertas abiertas... porque siempre hubo demasiadas puertas.
Hasta que un buen día se le ocurrió, encontró el modo.
Pero todos se equivocaron con él. Quería seguir viviendo. Nunca lo entendieron.
Se amputó las piernas porque quería seguir vivo. Se desprendió de aquellos apéndices que le incitaban a cruzar las puertas para que el mundo exterior lo engullera. Perdió el conocimiento en medio del charco de sangre, con la sierra de calar aún en la mano y una sonrisa de triunfo adornando su cara.

Despertó allí, en el pabellón 2B. En aquel pedazo del mundo de los vivos, blanco y acolchado, sin puertas abiertas... Por fin, sin puertas abiertas.